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El negocio de la lengua
Por Marina Garber, Buenos Aires
Publicado por la revista Acción en su número 996
Desde hace algunos años y por diversos motivos, la lengua española –a la que convendría, según la opinión de muchos, seguir denominando castellana– es noticia. Su enorme riqueza, su valor económico, sus 400 millones de hablantes, su incesante crecimiento y su venturoso futuro son temas de frecuentes artículos periodísticos, y también de congresos que convocan a personalidades del mundo cultural y político –congresos financiados, invariablemente, por grandes empresas de capital español–, mientras nuevos eslóganes, logotipos y avisos publicitarios la promocionan como si se tratara de un producto más del mercado.
Sociedad mediática
por Fernando Lázaro Carreter
La palabra es aún niña en Francia, tiernamente adolescente como mucho: sólo han pasado doce o trece años desde su invención allí. Médiatique se emplea para calificar lo concerniente a los medios de comunicación o a lo transmitido por ellos. Y con tan escasa edad, ya se pasea con disfraz hispano y pisando fuerte por nuestras prosas habladas y escritas, confiriéndoles un alto grado de distinción. Así, se dice y se oye que vivimos en una sociedad mediática, queriendo significar con centelleante concentración la importancia, constitutiva casi, que en la sociedad contemporánea poseen los media o medios por antonomasia.
Hablar y escribir con propiedad
El vocablo propiedad, según una de las acepciones que recoge la Real Academia Española en su Diccionario de la Lengua Española, aparece definido del siguiente modo: Significado o sentido peculiar y exacto de las voces o frases.
Por otra parte, se escucha con cierta frecuencia, refiriéndose a una persona concreta, que sabe hablar con propiedad; o, por el contrario, a veces se dice que esa persona no sabe hablar con propiedad.

